Qué pasa con la energía hidroeléctrica en Argentina

La potencia hidroeléctrica instalada en el país representa un 35% de la potencia total instalada contribuyendo con casi 40,000 GWh – año, es decir un 30% de la matriz energética total. 

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Por Carlos Calderaro *

La potencia hidroeléctrica instalada en el país representa un 35% de la potencia total instalada contribuyendo con casi 40,000 GWh – año, es decir un 30% de la matriz energética total. Estos números guardan distancias importantes cuando se les compara con el desarrollo de la energía hidroeléctrica en otros países de la región. En Colombia, Brasil, Paraguay o Venezuela, por ejemplo, la participación de la hidroelectricidad en la generación eléctrica está en el orden del 65% al 70%.

Considerando que un mayor desarrollo hidroeléctrico contribuiría a reemplazar fuentes de generación de origen térmico, cuyo combustible es importado por nuestro país desde 2011, el interés por incrementar el desarrollo hidroeléctrico debería promoverse en forma mucho más vertiginosa. Sin embargo, el sector ha sufrido una involución en los últimos 23 años. A partir de la puesta en servicio de Yacyretá en 1994, el crecimiento de la potencia instalada   se restringe a proyectos de menor envergadura ubicados en las provincias de Mendoza y San Juan y los sucesivos aumentos de energía que permitieron levantar el nivel de operación de Yacyretá.

Una de las causas de este menor desarrollo de proyectos hidroeléctricos ha sido la transfer- encia de explotación a manos privadas, dejando el Estado de tener una participación activa en la planificación y desarrollo de nuevos proyectos que ampliaran la base de generación hidroeléctrica.

Esta tendencia no solo implicó una reducción en la cantidad de proyectos a ejecutar, sino que también trajo consigo una pérdida en la capacidad técnica de los entes responsables de la planificación de los nuevos emprendimientos que acumulaban experiencias de años y de numerosos proyectos ejecutados.

El problema del crecimiento de la hidroelectricidad se  torna  aún  más  complejo  cuando además de analizar los nuevos proyectos, se tiene en  cuenta  la  infraestructura  existente puesto que la misma comienza a presentar una mayor demanda de recursos para cubrir las necesidades de rehabilitación y reemplazo de equipos . En este sentido, es oportuno pre- guntarse, ¿Qué pasará con aquellos proyectos que fueron concesionados?, ¿cómo podremos garantizar que sigan operando satisfactoriamente por otros 30 años? y ¿cuáles serán las condiciones y planes de inversión necesarios que deberán ejecutarse para  que  los  mismos sigan ofreciendo confiabilidad?

Se ha dado en llamar al año 2017 como el ¨año de las energías renovables¨. Ciertamente es un momento clave para retomar el desarrollo del sector hidroeléctrico.

Yacyretá

ATRAYENDO EL FUTURO

Siendo el agua el recurso natural por excelencia y esencial para la vida, es indelegable que el Estado vele y fiscalice por su uso racional. Un aprovechamiento hidroeléctrico es un emprendimiento multipropósito que no solo permite la generación eléctrica, sino que constituye una fuente de agua para el consumo humano, permite controlar inundaciones, promover áreas cultivables, fomentar el turismo y desarrollos regionales, además de ser fuente de generación de mano de obra, principalmente durante su construcción. Con esta visión, deben establecerse los criterios de desarrollo de los proyectos que permitan cuantificar correctamente sus beneficios. Los aprovechamientos hidroeléctricos que aun hoy continúan operando y cuya principal razón de construcción no fue solamente la generación de energía son prueba contundente de esta afirmación.

En un escenario en el cual el objetivo es alcanzar el 20% de energía renovable para el 2025, la energía solar y eólica contribuyen, pero no son suficientes para garantizar la estabilidad del sistema. Es ahí donde la hidroelectricidad debe tener un rol protagónico, no solo por ser energía de base de bajo costo de operación, sino porque también permite reducir emisiones de efecto invernadero y sustituir combustibles importados. Por otra parte, si se considera la extracción de petróleo y gas no convencionales como una alternativa para reducir el déficit energético se concluye que los costos de energía con esta fuente son muy superiores a la hidroeléctrica.

Esto conlleva a pensar en la necesidad de elaborar un plan energético de corto, mediano y largo plazo, que se constituya en política de Estado dando una solución a la oferta eléctrica promoviendo el desarrollo y construcción de nuevas presas hidroeléctricas. El costo de construcción de estas nuevas presas podría ser enfrentado por una participación complementaria entre el Estado y el sector privado, a través de asociaciones público-privadas.

En este caso, es el Estado provincial el que contribuye con el territorio y el recurso hídrico y ayuda a financiar parte del proyecto mientras que el privado, o inversor, provee el resto de los fondos y recupera su inversión con la generación de energía por el tiempo que dure la concesión. Esta forma de abordar los proyectos se ha puesto en práctica con pequeños aprovechamientos hidroeléctricos concesionados hasta el momento a través del plan Renovar y bien podría extenderse ampliamente a proyectos de mayor envergadura y potencia instalada.

Dentro de este esquema, podría impulsarse el desarrollo de numerosos proyectos larga- mente postergados en distintas provincias del territorio nacional y continuar fomentando los pequeños aprovechamientos hidroeléctricos (PAH) cuyo potencial conocido hasta el mo- mento supera los 1000 MW de potencia con una energía media anual del orden de 3000 GWh.

Represa el Chocon

Cabe destacar que un pequeño aprovechamiento comprende una central hidroeléctrica de pequeña escala capaz de abastecer de energía tanto a la red pública como a una pequeña vivienda o establecimiento rural alejado de la red de distribución. En este sentido, los pequeños aprovechamientos se caracterizan por no requerir los prolongados estudios técnicos, económicos y ambientales asociados a los grandes proyectos, y se pueden iniciar y completar más rápidamente, lo que los convierte en una opción de abastecimiento viable en aquellas zonas y regiones del país no servidas aún por sistemas convencionales.

De ahí que no exista oposición entre aprovechamientos grandes y pequeños. Mientras los “grandes” abastecen el extenso sistema interconectado, los pequeños proveen electricidad a zonas remotas de una manera económica y ambientalmente sustentable ya que no son necesarios grandes reservorios de agua y el impacto ambiental de las obras es menor. Inclusive, muchos de estos proyectos pueden emplear embalses formados originalmente con otros propósitos.

Bajo este esquema, el Estado solo tendría bajo su responsabilidad el desarrollo de los grandes emprendimientos hidroeléctricos binacionales que requerirían financiación de organismos de crédito multilaterales y acuerdos entre países, o bien aquellos que no siendo binacionales por su envergadura requieran del financiamiento de dichos organismos.

Desarrollar los recursos hidroeléctricos que el país posee y llegar a porcentajes de hidroelectricidad del orden del 45% al 50% no es imposible ni utópico. Exige dos acciones imprescindibles:

  1. Repensar como debe organizarse el Estado para tal fin;
  2. Elaborar un plan estratégico dentro de un marco provincial, regional y

Esto constituye una obligación para con nuestras futuras generaciones.


*Nota del especialista Carlos Calderaro, integrante de la Comisión Hidráulicas de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), y Director Comercial de hidroelectricidad de MWH – STANTEC en Latinoamerica.